Habilidades para la vida: aprendizaje emocional y social

15/09/2018

 

Un niño que conoce y sabe gestionar sus emociones no solo tendrá mejores resultados académicos, sino que también estará mejor preparado para el mundo laboral. Así se menciona en el episodio de Redes, El aprendizaje emocional y social. Errores frecuentes en la educación y tipos de escuelas.

 

La ciencia revela que al desarrollar las que se conocen como habilidades para la vida: una serie de destrezas que aluden tanto al ámbito social, como al emocional y ético, es posible optimizar las habilidades cognitivas e intelectuales.

 

Según el divulgador científico Eduard Punset, la educación que reciben los niños de hoy se ve afectada por tres grandes errores:

 

El primero es no tener en cuenta dos de los principios básicos de la neurociencia: Que la razón sin emociones carece de sentido y que el cerebro es un órgano sofisticado, complejo; pero extraordinariamente plástico.

 

Prosigue comentando que el segundo error del sistema educativo actual, estriba en ignorar que si bien los maestros deben lidiar con la diversidad cultural presente en la sociedad actual (misma que se ve reflejada en las aulas); así también con aquello que tienen en común los alumnos: las emociones. Tales que no siempre son capaces de regular.

 

El tercer error es la jerarquización de las asignaturas, asegura Punset. Esta perdura como un remanente de modelos educativos pasados, y sigue ubicando en el último eslabón (muy por debajo de habilidades como el pensamiento matemático y el lenguaje oral y escrito) a las materias creativas y artísticas.

 

Por lo anterior, el autor sugiere que la manera más eficaz de corregir estos tres errores, es fomentar en las aulas el aprendizaje social y emocional.

 

 

Hoy se dedica tanto tiempo, dinero y recursos a las escuelas, que cabe hacer un alto y preguntarse: ¿en verdad son necesarias?, ¿cuál es el punto?

 

René Diekstra, profesor de psicología en la Roosevelt Academy (Honors College de la Universidad de Utrecht), señala que las escuelas son necesarias, porque forman una comunidad de futuras generaciones, las cuales deberán vivir juntas y trabajar de igual modo en el futuro, para ser capaces de establecerse y operar como una sociedad.

 

El psicólogo reconoce que no hay mejor lugar que la escuela, para ayudar a estos pequeños a conocerse; a descubrirse; a entender cómo lidiar unos con otros.

 

A lo largo del tiempo, han existido una gran variedad de escuelas. Ciertas escuelas latinas, por ejemplo; eran conocidas por enfatizar en la formación del carácter en los jóvenes, con el fin de dar lugar a personalidades socialmente aceptables.

 

Enseñar a internalizar ideologías: una cualidad característica de las escuelas religiosas y los seminarios, dio paso durante los siglos IXX y XX, a escuelas que buscaban ante todo, preparar a los jóvenes para la economía y el mercado laboral.

 

Muchos modelos de la escuela de hoy en día; la escuela del siglo XXI, aseguran formar de una manera integral, lo cual implicaría desarrollar tanto el aspecto cognitivo-intelectual, como la parte social-emocional-ética de sus alumnos. No obstante, si se revisan sus programas, no siempre se incluye este último rubro como parte de su estructura formal, o no se le da el mismo peso que a las asignaturas de contenido cognitivo-intelectual.

 

 

Diekstra concluye que en la vida real estos dos rubros no se hallan separados uno del otro. Para que una persona opere regularmente en su vida diaria deberá hacer uso de ambos hemisferios y de ahí la importancia de que la escuela comience a otorgar más valor al aprendizaje social y emocional.

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